Lady blue
Tengo dos… un yo narcisista, hedonista… y el otro - yo - con quién juega haciendo muecas, ambas se susurran cuentos y mientras se hacen las trenzas sobornan sus secretos…son bellas… una se acerca al cielo y la otra viaja en el infierno dentro del infierno..., a veces se encuentran en transición y esperan en el banco del limbo su turno; irremediablemente están aquí entre las líneas- entre mis letras, las dos reflexionan y yo escribo sin protestar… Son la agridulce dualidad de esta dama azul.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Pide un deseo.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
La dualidad de mi luna
Ella ya no se tiene más miramientos, ni excusas. Descansa del paroxismo de noches anteriores donde los cigarrillos y los chupetines de uva cumplían su poligamia sin trueques, sin persuasiones. Ella era placenteramente fiel a sí misma. Mientras tanto yo me arreglaba el pantalón, abría el maletincito que contenía un relato impreso que hace años escribí, y que hace años también editaron por una tarea del curso de Redacción. No fue la nota lo que me convenció. Fue el primer amor compartido quien me gustó, mi primer bosquejo de relato (y no el último). Salí del baño (sí, estaba ensimismada contando las piedritas que estaban en las paredes rústicas). La iluminación puede llegar en cualquier momento, ¿hasta en el baño?, me pregunté al recordar a OSHO y él me contestó que sí –estaba escrito en su libro, claro-; no era que de tanta hierba yo hablaba con él… o quién sabe. Al rato todo se aclaró. Al menos el miedo se quedó contando las piedritas y yo me fui con Ella. Caminé libre y más libre. Me senté frente a la larga mesa de madera cubierta de manjares, del amable pan, del queso, galletitas de coca, de mandarina, la miel, el buen vino, el buen pisco, las frases poéticas escritas por todas partes, tatuadas para el visitante sobre las paredes en hojas color antigüedad y en la mesa - donde un “Yo estuve aquí” las desmerecería. Me sentí apenada por el solo deseo de afrentar la madera con mi frase egocéntrica; pero todo se perdonaba esa noche, hasta la velocidad procaz de los pensamientos. A Ella que andaba descalza, agotada, sin fuerzas, la abandoné después de sorber mi rico pisco. La mandé a quedarse en la esquinita del comedor. Ya tendría luego su puesta en escena, me dije, mientras tanto yo disfrutaba la magia de todos los comensales; en tanto -observándome afligida- quizá compensaría sus nervios y su boca seca .
Mi amigo David había regado semillitas de color canela en las tripas de los más incautos, porque ya estaban en los corazones. Habían almas, presencias, no sé si las trajo de su viaje a la selva, pero si yo fuera un alma vagabunda buscando un lugar para descansar de los errores terrenales y de las soberbias puertas del cielo y del infierno, me iría con David, lo seguiría, sería sus manos, sus pies, su cabeza porque no hay mejor caminante que él. Y en la muerte lo esperaría. Sería locura plena y como soy de carne y hueso la amistad con él me crearía más gozo. En todo caso, sino eran almas habían ángeles en Samaca. Pero se sentía magia encima de la túnica que el Gran Alberto, un genuino loco, vistió para deleitarnos con sus versos infinitos. Luego, dentro de la emoción se quebró la voz de Beto leyendo la introducción de su libro Por favor, no me beses, que como gran cómplice terminó de leer David ante la emoción que dominaba nuestra noche, ya no amical, sino familiar. Tomé un sorbo de pisco más después de una infortunada presentación – los poetas también podemos ser celosos-, me dijo David al final del viaje, ya regresando a Chiclayo. Y tenía razón. Leí…leí…¡leí rápido! Al terminar Gracias, dije, aplaudieron. Humm. Muy rápido has leído -risas-. Siempre he pedido sinceridad y esa noche la tuve y nada menos que de un grande. Ensimismada Ella seguía mirándome desde la esquina con un cierto aire irónico en sus labios: “Te lo dije”. Yo asentí con la cabeza y suspiré confundida. Luego mi querido Martin, un uruguayo exquisito, acercó la vela a sus hojas desordenadas y rayadas -que me hicieron recordar mi propia escritura antes de tener un teclado a quien dominar en las madrugadas- y nos deleitó con sus pensamientos, con esa irracionada manera de ver el mundo tal cual es, regalándome las respuestas a todo lo que desde niña me pregunté –no hay destino, me dijo. Y las almas gemelas existen. (Le permitiría mil elogios a mi buen muchacho mayor. Le permitiría adulaciones y hasta insinuaciones. Es un dios terrenal de ojos divinos que ha hecho los viajes que yo deseo, que tiene la ventana del paisaje que yo sueño ver todas las noches). Finalizó el encuentro. Todos dejamos la mesa larga y fuimos a liberar las extasiadas sonrisas de los sueños, pero Ella aún estaba triste. Sus labios irónicos formaron una opaca línea horizontal. Martín trató de reanimarla en la cabaña. Ella estaba sentada sobre la cama amasando sus lágrimas. Él caminaba de un lado a otro hablándole sobre mi relato, regalándole atributos que quizás sólo él vio, pero ¿qué es la poesía si no un viaje interno? Yo los miraba de vez en cuando desde afuera -balanceándome en mi columpio- . Estaba contemplando, absorta, mi aflicción y mi amor hacia aquella luna lejanísima como todo lo que antes de llegar a Samaca pretendía ya conocer. Era un sentimiento dual, como ambas. Quizás Ella más fantasmal y yo más lúdica, pero somos una sola verdad, un solo cuerpo. ¡Hey, Carlita, vamos ya! (Antes de ir a dormir y desempacar las confesiones, le dije a mi amigo David, ¿qué jodido es extrañar a alguien, no?) … Sí, me respondió Ella.
( Editada por mi gran amigo David Novoa)
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Su Verdugo
jueves, 19 de agosto de 2010
Mi Versión 2.
Escribo, escribo, escribo… porque he decidido guardar los demás vicios y regalarle una pijama descolorida a mis madrugadas, ya era hora me digo – mientras presiono más fuerte el teclado y cambio de música al compás del viento ,que afuera detrás de mi ventana pequeña..silba parlanchina porque esta noche los incautos se hacen los dormidos y hay que celebrar; mi hermano despierta, abre la puerta del refrigerador… lo imagino viendo las uvas y la manzana arrugadas que están ahí y que sirven como figuras estéticas dentro de la nada, el vacío de la máquina que te congela los huesos con solo abrir su puerta, y no me refiero al refrigerador, hablo de la vida que, condena al que piensa que las puertas están hechas para cerrarlas ( recordé a mi buen amigo de cabecera-por días pasados- el libro 100 años de soledad ); pensando en los pocos que alguna vez leerán este blog, prosigo con la idea del inicio sí; un viaje, una oportunidad de rebelarme… de salir a mojarme descalza por las avenidas de una muerte que no me llevará – en el mejor de los casos – al paraíso prometido, pero espero no al desconsuelo, al artero fracaso que ha despedido a muchos novatos sin la más ínfima reconciliación de regreso, es difícil no pretender, aunque me lo repito una, dos tres veces … no pretendas, no pretendas…no pretendas…,la intuición hace su chamba y me dice desahuevate una vez más, así que condenada al suplicio del insomnio, a la certeza virulenta, … le doy dos palmadas de confraternidad a mi optimismo vago, fofo, meditabundo para que siga, me coloque sobre sus hombros y me lleve hasta el terminal – al menos.

